Mis papitos y abuelitos



Pilar Eduvigis Orbegoso Sánez de Ruiz y Francisco Ernesto Ruiz Alarco, mis papitos (siempre creí que el apellido materno de mi madre había sido Sáenz, pero a raíz de su fallecimiento fue necesario rectificar el entroncamiento familiar en los registros públicos y quedó claro que su verdadero apellido materno siempre había sido Sánez).

Dicen que cuando un adulto mira las fotos de la familia de cuando era niño, no se fija tanto en cómo era él, sino en cómo eran sus padres. Y en mi caso, es cierto.

Nuestros padres son todo nuestro mundo hasta que crecemos y tomamos conciencia de sus imperfecciones. Poco a poco abrimos los ojos y acabamos reconociendo que no eran superhéroes a quienes no les afectaba el dolor, el sufrimiento o el fracaso. Se nos viene el mundo encima y aceptamos que no eran santos. Se metían en dificultades igual que nosotros; a veces no sabían cómo resolver sus problemas, igual que nosotros; y seguramente lloraban en silencio, de frustración, impotencia, rabia o desilusión, igual que nosotros.

Sobre todo, cuando alcanzamos y rebasamos la edad que ellos tenían al casarse, reconocemos que eran tan mortales como nosotros, y que, quizás, comparativamente, a la misma edad hubiéramos sido hasta más frágiles e inexpertos que ellos, y entonces atamos cabos y procuramos comprender por qué cometieron los errores que cometieron.

Suena infantil, pero extraño mucho a mi mamá ¿Y a mi papá? La verdad, a mi papá no tanto. Aunque generoso y alegre, era un tipo muy dominante. Murió de un infarto provocado por la ira. Era corpulento y deportista, campeón de peso pesado de box amateur (cuando se retiró, obsequió su gimnasio al Circolo Sportivo Italiano). No toleraba que nadie le tomara el pelo. Cierto día, le pidió un favor a un amigo que le debía una gran suma de dinero, pero este no mostró diligencia. De modo que montó en cólera y se dirigió a su casa para ajustarle las tuercas, pero tan pronto como llamó a su puerta, se desplomó, fulminado por la presión emocional. No volvió a despertarse. El roble había sido talado finalmente. Era su segundo infarto. Allí quedó. Fue irónico que aquello sucediera en el jirón Teruel, en San Isidro, a solo media cuadra de la casa de su cardiólogo, el renombrado Dr. Mispireta... y nada menos que en el día del cumpleaños de mi mamá. Trágico.

Mi mamá fue hija de Flora Sánez y Pedro Juan De Orbegoso y De la Puente, el que a su vez fue hijo de Nemesio De Orbegoso y Martínez de Pinillos (casado con mi bisabuela, Doña María Del Tránsito De La Puente y Quiñonez), que a su vez fue hijo del Gran Mariscal Don Luis José De Orbegoso Y Moncada (casado con mi tatarabuela, Doña María Josefa Martínez de Pinillos Y Cacho. "Los Orbegoso en el Perú" es el título de un exhaustivo libro que muestra su árbol genealógico, publicado en 1992 por mi tío Eduardo De Orbegoso Pimentel.

Lamentablemente, mi tío solo mencionó a mi abuelo materno como alguien que "murió soltero dejando descendencia". Por razones que desconozco, omitió mencionar por nombre a mi abuela materna, a mi madre y a su hermana, lo cual entristeció mucho a mi madre porque hasta entonces habían sido primos muy queridos. Mi tío Eduardo solía visitar a mi madre, la llamaba "prima" y tenía agradables pláticas con ella y conmigo. Por eso, aquella omisión en la redacción la desconcertó mucho. Fue como si la hubiera bajado del árbol. Lo único que conservé de mi tío fue su libro, el cual me dedicó de puño y letra: "A mi sobrino...", atestiguando que mi madre efectivamente era parte de aquel árbol.

Nací cuando mi mamá tenía nada menos que 41 años de edad y tres hijos, el menor de los cuales tenía 16 años. Y después de mí vinieron dos más: una mujercita y un hombrecito. En total, ella tuvo seis hijos, el último de los cuales alumbró a los 46. ¡Imagínate! No fueron partos fáciles, pero todo salió bien, felizmente.

Pero ¿por qué vine al mundo a una familia que ya estaba completa? Parecían esposos felices. Tenían tres hijos que estaban terminando la adolescencia y se llevaban un año entre sí. Ya estaban encaminados. Mi hermana mayor había estudiado en el Colegio Chalet, de Chorrillos (una monja del cual con el tiempo llegó a ser su cuñada), y mis dos hermanos mayores terminaron en el Santa Rosa, de Chosica. Tenían una casa preciosa, varios automóviles y varias propiedades y terrenos. Mi padre, técnico botánico, había heredado todo de mi abuelo paterno, así como una próspera cadena de florerías afiliadas a la FTD, conocida como "Jardín La Moda Elegante", con una flota de vehículos de transporte. A mediados del siglo veinte, su florería era proveedora obligada de la tradicional orquídea para las fiestas de promoción y el clásico bouquet para los matrimonios de la alta sociedad.

Mis padres amaban la música. Eran pianistas amateurs y tocaban muy bien. Mi madre tocaba por música, y mi padre parecía romper el piano cuando tocaba tangos argentinos y valses peruanos, y ambos cantaban y silbaban muy bonito. De hecho, mi padre era tenor. Lamentablemente, para hacer carrera hubiera tenido que viajar a España a continuar sus estudios, pero mi abuela, Carmen, no lo dejó ir por ser hijo único. No hubiera soportado su ausencia, sobre todo, porque era viuda y era todo lo que le quedaba.

Ambos eran apuestos, lo tenían todo. ¿Para qué traer más hijos al mundo? Bueno, como mencioné antes, entre Kike (el menor de sus tres hijos) y yo hubo 16 años de diferencia, y ese tiempo no transcurrió inocentemente para mi padre. Tuvo 4 hijos fuera del matrimonio, lo cual rompió el corazón de mi madre; y a mis tres hermanos mayores los relegó a segundo plano.ç

Mis hermanos por parte de padre, de mayor a menor: Ricardo, Antonio, Manolo (Juan) y Paquita. No tengo fotografías de ellos, porque vivíamos muy separados. Solo nos veíamos de vez en cuando. Antonio era quien más frecuentó la casa. Incluso mi hermano Kike lo dejaba chapalear su piano de vez en cuando. Todos ellos son mayores que yo.

Mi sobrina Claudia pudo disfrutar por muchos años de la compañía de Juan (Manolo), casado con Juanita. Manolo falleció hace años.

Mi madre nunca lo supo, pero aparentemente también tuve un hermano por parte de padre cuyo nombre y vida desconozco, hijo, según me refirieron, de una señora llamada Julia Vivían en Santa Clara. Si mi padre tuvo otros hijos, no sé.

Bueno, en aquel tiempo que mis padres casi se divorcian, la gente consideraba que el matrimonio no debía romperse por ningún motivo, de modo que el cura aconsejó a mi madre que luchara por mantener viva la llama. Eso significó reconciliarse con él. ¡Qué tal consejo! Hoy sé que la Biblia sí admite el divorcio bajo ciertas condiciones. En fin, mis hermanos mayores siempre habían pedido: "¡Queremos un hermanito! ¡Queremos un hermanito". ¿Por qué no intentarlo?

Fue así como, a mediados de 1950, viajaron a París. Supongo que por eso me agrada tanto Sous le Ciel de Paris. De hecho, ellos no lo sabían todavía, pero yo regresé en el vientre de mi mamita como el primero de su segunda camada, jeje. Ella frisaba los 40. Por eso, al poco tiempo, se asustó tanto cuando sintió unos dolores en el vientre que fue a ver al médico creyendo que tenía un quiste. El médico le dijo: "Sí, hija mía, es un quiste que saldrá solito dentro de 9 meses".

¡Magaliru iba en camino! En aquel tiempo, Edith Piaf estaba en todo su apogeo. Era la cantante de moda, y el impacto de sus canciones invadía todos los estratos sociales. Su temblorosa voz parecía la de un gorrión (de hecho, piaf significa gorrión, en francés), era inconfundible. Proyectaba una imagen muy peculiar y les rompía el corazón a los enamorados. Era simple como una flor del campo. Sus interpretaciones son excelentes.

Voy a congelarme un momento en los 50 y dedicarle algunas líneas, porque su obra fue prolífica como compositora e intérprete. Y aunque todas las canciones que cantó no llegaron a ser tan conocidas que llegaran hasta el siglo 21 con la misma fuerza, no debe ser olvidada.

Edith Piaf es recordada por La Vie En Rose, La Foule (clic aquí si quieres leer sobre un malentendido relacionado con esta canción), Non je ne regrette rien, Padam Padam, Hymne à L'Amour, Milord, L'Accordeoniste, Les Trois Cloches, Les Mots de L'amour, L'Homme à la Moto y otras. Puedes encontrarlas en YouTube.

Y es apropiado mencionar que hasta ahora se orquestan las canciones que cantaba, aún las menos conocidas. En nuestros tiempos la gente no suele gustar del estilo de Piaf, por lo que muchos las han arreglado para darles frescura. Probablemente las has oído por ahí. Por ejemplo:

"La vida en rosa" (La vie en rose)
"Amor de mis amores", que a veces lleva el título "Que nadie sepa mi sufrir" ("La foule") 2 3 4 5
"No lamento nada" (Non je ne regrette rien), que en su época fue el equivalente de "A mi manera")
"Las palabras del amor" (Les mots de l'amour)
"L'homme a la moto" (El hombre de la moto)
"Les trois coches" (Las tres muescas)


Bueno, volviendo a mi family, mi hermano Kike estudiaba música en el conservatorio y no soportaba que mi padre le diera tan duro al piano. Él decía que había una técnica para producir sonidos fuertes al darle a las teclas, que no estaba bien chapalearlas como hacía mi apá. Pero no niego que sus tangos sonaban preciosos. Desgraciadamente, mis hermanos no se llevaron bien con mi padre. ¿Y qué esperaba? Había tenido cuatro hijos fuera del matrimonio. Seguramente le abrigaban resentimiento. No sé.

De hecho, mi abuela lo había engreído tanto que terminó haciéndole un gran daño. Al darle gusto en todo durante 20 años (darle todo en la boquita), no lo ayudó a madurar emocionalmente. Tampoco aprendió a administrar el negocio de mi abuelo, el Jardín La Moda Elegante, una florería de renombre (su slogan era "¡Dígalo con flores!"), que después pasó a manos de terceros.

Mi padre fue Gobernador del Distrito 445 del Rotary Club, y más tarde, candidato a una senaduría cuando el General Manuel A. Odría intentó recuperar la Presidencia del Perú por medios democráticos en (1962-1963). En realidad, se descubrió un fraude. Odría terminó sepultado políticamente y mi padre despilfarró casi todo su patrimonio en la campaña.

Mi papá falleció en 1967, a los 57 años, cuando yo tenía 16, y mi amá en 1992, a los 82, cuando yo tenía 41. Aunque guardaron bien las apariencias, mi madre nunca ocultó cuánto lo amaba. Lo había perdonado sinceramente. Lo amó inmensamente hasta el fin. Solo perdóname, mamita, por no haber cumplido mi misión. Se suponía que yo naciera para reconciliarlos...

Hoy mis papitos ya no están, y todos mis hermanos viven muy lejos. No puedo abrazarlos, no puedo alcanzarlos. A veces siento que vine por gusto. Porque la razón de mi vida no funcionó. No sabes cuánto lo lamento, ma. Siempre recordaré nuestro secretito bajo el cielo de París.

Mis abuelitos


Carmen Alarco Castro de Ruiz fue madre de mi papito Francisco Ernesto Ruiz Alarco. Una mujer caracterizada por la bondad. Su mano siempre estuvo abierta para con el necesitado, especialmente con los curas de la parroquia de San José, de Jesús María, para quien era todo limosnas. Siempre nos llenaba de obsequios y atenciones. Su recuerdo es imborrable en mi corazón, a pesar de que falleció cuando yo era todavía muy joven.


Francisco Ruiz Olivier, esposo de mi abuelita Carmen, fue padre de mi papito, Francisco Ernesto Ruiz Alarco. Exitoso empresario dedicado a la botánica. Fundador y propietario del Jardín La Moda Elegante, cadena de florerías en Lima, Perú. Su frase favorita era el slogan de su compañía: "¡Dígalo con flores!". A su tienda acudían casi todos los jóvenes estudiantes de la alta sociedad para comprar el tradicional bouquet que obsequiaban a sus parejas en el baile de promoción. Usualmente, una preciosa orquídea fínamente decorada. También le solicitaban mucho el clásico bouquet de matrimonio, de deliciosas gardenias y flores bellamente dispuestas. Eran ramos muy bonitos y delicados que las novias solían arrojar hacia atrás para que las recogieran sus compañeras. Distaban mucho de los bodoques pesados y difíciles de cargar que hacen ahora (las novias acaban con dolor de muñeca y, cuando los arrojan hacia atrás, pueden romperle la cabeza a cualquiera).

En aquellos tiempos la gente sentía temor de colocar plantas en el interior de sus casas, y por las tardes, las sacaban al jardín. Otras chamuscaban sus plantas bajo el sol porque no entendían bien que eran plantas que solo prosperaban bien bajo sombra o luz indirecta, como el auturium. Él fue quien introdujo la decoración con plantas de interiores, y su pasión eran las orquídeas. Tenía invernaderos enteros dedicados a ellas y grandes propiedades dedicadas como viveros. No alcancé a conocerlo personalmente. Murió mucho antes de tener esa magnífica oportunidad.


Juan Pedro De Orbegoso y De La Puente fue padre de mi mamita, Pilar Orbegoso de Ruiz. También le decían Pedro Juan. Murió soltero dejando descendencia. Era nieto del Mariscal Orbegoso a través de mi bisabuelo Nemesio. No lo conocí. Murió mucho tiempo antes de que yo naciera. Lamento muchísimo no tener una foto de mi abuelita materna, Flora Sánez, una morenita que debió de ser muy bonita. De ella creo que heredé mi bemba y color. Creo que por mi abuela mi tío Eduardo De Orbegoso Pimentel, primo de mi mamita, no incluyó a mi mamá en su libro "Los Orbegoso en el Perú". Por no estar casados y por el color de su piel.

Sin embargo, mi tío Eduardo tuvo la gentileza de autografiarme una copia de su libro y dedicármelo cariñosamente llamándome "sobrino", algo que él nunca hubiera hecho si no fuese cierto que yo era familia suya. Por otro lado, existe un entroncamiento en los registros públicos que respalda a mi abuela Flora. Algún día tal vez pueda conseguir una fotografía suya. A la derecha, mi bisabuelo Nemesio De Orbegoso y Martínez de Pinillos (1828-1886), hijo del Gran Mariscal.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Magarilu, no encuentro tu nombre por ningun lado, ni el nombre de tu padre en la seccion "mis padres", como si no quisieras mencionarlo a proposito.
Como se llamaba?

magaliru dijo...

Es correcto. Hay razones. Es un blog de acceso para mi familia, aunque no lo he bloqueado porque, de hacerlo, tendría que estar enviando contraseñas a todos, y eso con el tiempo se volvería muy complicado.

Pero los que son de la familia o sus allegados pueden dar con esa información fácilmente conversando con el tío, el abuelo, etc. Es solo una manera de proteger de alguna manera su privacidad. No es que sea un secreto, sino que es mejor así.

Estoy seguro de que, así como discerniste la razón, también sabrás comprenderlo.

Claudio dijo...

Hola Magaliru. Invitame por Facebook. Tenemos cosas interesantes que conversar. Un abrazo.

magaliru dijo...

¡Hola, Claudio! ¡Qué gusto tener noticias tuyas! No uso las redes sociales. Por favor, envíame tu email.